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Dejar de ser Perfeccionista

dejar de ser perfeccionista

Puede que pienses que ser perfeccionista es una actitud positiva. Lamento decirte que estás equivocado. De entrada, entendemos que este afán por hacer las cosas de la mejor manera posible es algo de agradecer y de envidiar por quienes carecen de dicha cualidad. Con el paso del tiempo –numerosos estudios lo avalan- se ha demostrado que ser perfeccionista puede ser un atributo que deja mucho que desear porque supone un grado de autoexigencia que puede acabar rozando lo enfermizo y obsesivo. En este artículo te daré unas pautas para dejar de ser perfeccionista.

Por qué debes dejar de ser perfeccionista

Si eres una persona perfeccionista, lo primero que debes hacer es analizarte y reflexionar acerca de los motivos que te llevan a ser de esta manera. No olvides de que esta actitud te puede acarrear consecuencias en la vida. Debes descubrir y modificar las conductas limitantes que te hacen ver las cosas de esta manera y, a partir de allí, empezar a trabajar con el objetivo de cambiar dicha conducta por otra que sea mucho más práctica y afectiva. Porque no olvides que los perfeccionistas ponen de los nervios a los que no lo son, ya que para ellos nunca están las cosas suficientemente bien y creen que siempre hay espacio para mejorar, de manera infinita. El problema es que el perfeccionista no busca la excelencia –que sería lo correcto- en lo que hace, busca la perfección. Y la perfección, como todo el mundo sabe, no existe.

El eterno insatisfecho

Estamos ante el dilema de la eterna insatisfacción, circunstancia que, a corto o a largo plazo, acabará generando tensión en el seno del individuo, marginándose él mismo o por los que le rodean. Su única salida es rebelarse y trabajar para dejar de ser, como mínimo, tan perfeccionista. ¿Cómo dejar de ser perfeccionista? Aquí te dejo seis actitudes, seis cambios de formas de actuar, para dejar de serlo.

1. Errare humanum est

Errare Humanum Est. De los errores se aprende

Sí, sí. Sé que sabes que es una expresión latina que seguramente habrás escuchado en infinidad de ocasiones y que traducida –aunque ya lo habrás adivinado– significa que equivocarse es de humanos, forma parte de nuestra naturaleza, pero es de los errores de lo que más se aprende y nos sirve para intentar no volver a tropezar en la misma piedra. Esa es la auténtica lección: errar contribuye a hacernos mejores porque de las equivocaciones siempre se aprende. Nuestro primer paso para abandonar la secta del perfeccionismo es comprender que fallar no nos hace peores, sino todo lo contrario.

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2. La autoestima se trabaja

Trabajar la autoestima para dejar de ser perfeccionista

Ciertamente, no llueve como el maná del cielo, al igual que la inspiración. Debes creer en ti y no obsesionarte por ser cada día más perfecto; al contrario, cuando antes te relajes, mucho mejor. Cuando te quieres a ti mismo –sin caer en la marmita del narcisismo– y te aceptas tal y como eres, la vida te sonreirá de otra manera. Equivócate y celébralo con una carcajada. Cuanto más te humanices, entenderás que ser perfeccionista puede ser la antesala del dolor porque nunca alcanzas la cima. La autoestima te hará ver hasta donde puedes llegar: el crecimiento continuo como persona es un bien muy preciado. Aflójate el cinturón de la exigencia y respirarás con normalidad.

3. Recalcula los tiempos y ajusta tu reloj de exigencia a la realidad

concepto reajustar el tiempo para dejar de ser perfeccionista

Más, más, más… hasta que al final acabas perdiendo la perspectiva real de todo lo que te rodea. A la larga, cuanto más te exiges, más posibilidades tienes de fracasar en tu trabajo y en la vida en general. Además de ser una terrible pérdida de tiempo. Cada uno vale para lo que vale; sí, es cierto que puedes exigirte más, pero cuando superas el máximo de la velocidad permitida, al final acabas con una multa –si tienes suerte– o provocando un accidente. La vida no es un camino de perfección, debemos hacer lo que podemos, está claro, pero no lo que no podemos porque al final acabaremos estrellándonos.

4. Dejar de ser perfeccionista: ¡Rebaja la ansiedad!

Mujer adulta con ansiedad. Debes dejar de tener ansiedad para dejar de ser perfeccionista

Esas ansias por rozar la perfección es más que probable que te provoquen un estado de nervios complicado de gestionar. Mariposas en el estómago o dificultades a la hora de respirar suelen ser señales inequívocas que tu maquinaria no está funcionando con la precisión adecuada. La utilización del mindfulness –una práctica basada en la meditación que consiste en entrenar la atención para ser consciente del presente– es una buena alternativa para rebajar el souflé de la ansiedad. Pruébala, no te arrepentirás.

5. Ajusta el termostato de tus prioridades y niveles de exigencia

Ajusta de manera igual tus prioridades y grados de exigencia

Llegado a este punto ya te hayas dado cuenta de que ser perfeccionista no es una opción y sí que lo es ser más terrenal. Si ya has identificado el espacio en el que te has ubicado, qué mejor momento para repasar tus prioridades y grados de exigencia, valorarlas en su justa medida y dedicarles el tiempo que se merecen. Y no te olvides de que, aunque te aseguren que todo lo que tienes que hacer es urgente, debes aprender a priorizar: todo a la vez no lo podrás conseguir y el fantasma de la frustración siempre está al acecho de los que lo quieren todo y ya.

6. Dejar de ser perfeccionista: Entrénate para las metas que están a tu alcance

Como continuación del punto anterior, y una vez hayas ajustado tus posibilidades reales a tus fines, llega al momento de marcarse nuevos objetivos y analizar cuáles son las cimas de la vida que podemos ascender y abandonar los sueños que seguramente son inalcanzables y que nos impiden vivir con normalidad. Y recuerda que dejar de ser perfeccionista no significa renunciar a nada, es simplemente dirigir tu existencia hacia un destino asumible.

persona consiguiendo sus metas

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