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¿Cuál es la Diferencia entre Obesidad y Sobrepeso?

Diferencia entre obesidad y sobrepeso

Vivimos en una sociedad que nos marca las pautas de lo que es bonito o bello, a veces de manera peligrosa. Los cánones de belleza que a menudo se imponen suelen ser difíciles de conseguir -por no decir imposibles- y eso conlleva, a menudo, complejos, frustración y problemas de salud. En el caso que nos ocupa en esta entrada, vamos a hablar del peso adecuado. La figura que lucen la mayoría de las y los modelos en las pasarelas de moda ¿es la que representa a la mayoría de la población? No, suelen estar excesivamente delgadas, sobre todo las chicas. No son un objetivo sano a seguir. Por eso, vamos a explicaros donde acaba lo saludable y empieza lo superficialmente estético. E intentaremos evitar que caigamos en trampas peligrosas. Para eso os explicaremos la diferencia entre obesidad y sobrepeso y en qué consiste el IMC. Lo haremos ha través de una narración (que puede ser inventada o tal vez sea real). Esperamos que os guste.

Terrones de azúcar

No sabía si era hambre o gula, pero en las noches de invierno no podía evitar despertarse de madrugada y levantarse para ir hasta la alacena. Tenía que ser sigiloso, atributo no siempre fácil para aquel niño patoso, pero había perfeccionado sus movimientos y había aprendido a sortear los invisibles obstáculos en la oscuridad. Primero, intentaba acomodar sus miopes ojos a la negrura infinita y cuando empezaba a atisbar alguna cosa y a familiarizarse con el espacio, con una mezcla de fuerza y control, intentaba despegarse de las múltiples y recias mantas que le protegían del frío al mismo tiempo que lo mantenían aplastado sobre el colchón. Luego, gracias a que llevaba peúcos, podía andar por el suelo en silencio y, lo más importante, evitar que se le congelaran las plantas de los pies bajo las baldosas.

La hazaña nocturna

Le parecía una distancia considerable llegar a su destino –de mayor, cerraba los ojos para recordar aquel momento y se daba cuenta de que apenas debían ser cinco metros–, pero salía de aquella habitación que compartía con sus padres y su hermana pequeña, llegaba a la alacena cuya puerta nunca estaba cerrada, y alcanzaba aquella caja de terrones de azúcar que la hermana de su abuela traía regularmente cuando venía a visitarles desde su Francia adoptiva. Abría la tapa de cartón y cogía un terrón de azúcar. La cerraba y volvía con sumo cuidado hasta su cama. Una vez enroscado, escuchaba los ronquidos de su padre, la señal inequívoca de que las alarmas no habían saltado y que su pequeña hazaña nocturna se había completado con éxito, generando unos merecidos instantes de satisfacción para aquel niño delgaducho, que ni siquiera conocía los conceptos de obesidad y sobrepeso. Entonces, chupaba el terrón con suavidad, nunca lo mordía, no fuera que el ruido despertara a sus progenitores. Aquel gusto dulzón lo prolongaba un buen rato y cuando se acababa el terrón, a pesar de que tuviera, tibiamente, ganas de calmar la intensidad del azúcar con un buen vaso de agua, al cabo de pocos minutos caía en el más profundo de los sueños. Prueba superada.

Diferencia entre Obesidad y sobrepeso

“Jamás me pillaron”, recuerda con una sonrisa el que otrora fue el protagonista infantil, ahora quincuagenario. Sentado como cada día a las ocho de la mañana en su rincón favorito de la cafetería, hojea con interés relativo la prensa local. La camarera le trae el desayuno de siempre, sin preguntar. Él, al verla, le pide que se detenga:

― Buenos días, perdona, a partir de hoy el desayuno será diferente.

― De acuerdo. ¿Sucede alguna cosa?

― El médico me ha confirmado que padezco obesidad y que debo llevar a cabo un control estricto de la comida. Cuando le expliqué qué desayunaba: dos pastas dulces, un café con leche entera y dos terrones de azúcar, me invitó a cambiar radicalmente este hábito e intentar que la primera comida del día sea más sana. Pobre doctor. Tuvo la paciencia de explicarme la diferencia entre obesidad y sobrepeso y la verdad es que me alarmé.

― Vaya… ¿entonces, qué tomarás?

― Un café con leche desnatada y sin lactosa, sacarina y… nada más.

― ¿Con esto aguantarás toda la mañana?

― Debo intentarlo. El estómago es un músculo, cuando más le damos, más pide, y ha llegado la hora de apretarlo dándole menos cantidad de comida y más sana.

― Te veo concienciado y me alegro. En confianza, pensaba que tenías algo de sobrepeso, eso era una evidencia física, pero no creía que tuvieras obesidad…

― Hace tiempo que transitaba por la frontera entre ambos. Existe una diferencia entre obesidad y sobrepeso. Pero al ir a visitarme a un médico nutricionista se ha podido comprobar que mi índice de masa corporal se ha disparado.

― Todo el mundo habla del índice de masa corporal, pero no sé qué es con exactitud…

― El índice de masa corporal es un método utilizado para estimar la cantidad de grasa corporal que tiene una persona, y determinar, por consiguiente, si el peso está dentro del rango normal, o, por el contrario, se tiene sobrepeso o delgadez. Para establecer dicho índice, se pone en relación la estatura y el peso actual del individuo.

― Pero tú, por ejemplo, eres alto, no creo que peses tanto…

― El problema no es el peso, es la cantidad de grasa la que marca nuestro estado de salud.

― Y, entonces, ¿el médico cómo la calcula?

― De hecho, no hace falta ir al médico, lo podemos hacer nosotros mismos. La fórmula se calcula dividiendo el peso en kilos, entre la altura en metros cuadrados

― Por ejemplo, en tu caso, ¿cómo sería?

― Mi altura aproximada es 1,82 metros y mi peso ronda los 110 kilogramos. Por tanto, dividimos los 110 kilos entre 1,82 al cuadrado (1,82 x multiplicado por 1,82), y el resultado es 33,2. Entonces miro la tabla del índice de peso corporal y compruebo que estoy en el rango de obesidad moderada, que va entre 30 y 34,9.

― Y a partir de 35?

― Obesidad severa, mi salud estaría en serio peligro. Por eso, me veo obligado a cambiar mi alimentación, tanto en cantidad como en calidad. Si pierdo 20 kilos ya sólo tendré sobrepeso y si pierdo 30, me situaría en un peso saludable. Pero esto último ya son palabras mayores.

― Entiendo que el primer paso es abandonar la obesidad por el sobrepeso.

― Tener sobrepeso consiste en tener un peso corporal demasiado alto en relación con el tamaño corporal, es decir, más de lo que sería ideal. El sobrepeso no equivale a la obesidad. Por tanto, a partir de hoy, comida sana, empezando por el desayuno.

― Veo que lo tienes claro…

― A mi edad debo ser consciente de mis limitaciones y ya no me puedo permitir más desórdenes con mi salud o, al final, me acabaré arrepintiendo…

Con la conversación, el café con leche se le ha enfriado y se lo toma prácticamente de golpe. Se levanta para ir a pagar y, tras hacerlo, se despide de la dependienta, no sin antes hacerle una petición:

― Perdona, ¿me podrías dar un terrón de azúcar?

― Sí, claro. Pero pensaba que habías decidido no tomar ninguno más.

― Cierto. Lo guardaré como hice en su día con el último cigarrillo que quedaba en el paquete de tabaco.

― ¿Seguro que no te lo acabarás comiendo?

Él le respondió con una sonrisa mientras salía de la cafetería para ir a trabajar. Hacía frío, como en las noches de invierno de su infancia e, instintivamente, cogió el terrón de azúcar de su bolsillo sabiendo que a partir de ahora se convertiría, al mismo tiempo, en un amuleto para evocar tiempos ya muy lejanos y un recordatorio para llevar una vida saludable.

No olvidemos que un peso saludable no es sinónimo de una estética imposible. No seamos víctimas de los mass media y, como el protagonista de nuestro cuento, intentemos adoptar buenos hábitos que repercutirán positivamente en nuestra calidad de vida. ¡Te acompañamos!

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